Por amor al comercio




El dolor de cabeza que me protege cada noche,
que me nubla la vista y me quita las ganas de beber,
de beber fantasías y recuerdos excitantes,
y nada más excitante que trabajar en tus caricias.

Por amor al comercio
voy a cruzar ese puente,
por amor al comercio
voy a cuidar ese dolor.

De palabras, tabaco, teléfono y alcohol,
alcohol que me han prohibido mil veces en un mes,
un mes en el que te has olvidado de que existo
y más que existir lo que hago es campar por ahí.

Por amor al comercio
voy a cruzar ese puente,
por amor al comercio
voy a cuidar ese dolor.

La determinación de un pepino


Le pregunté al pepino de mar la diferencia entre determinado e indeterminado y me contestó:
-Eso vas y se lo preguntas al pepino de nevera que yo ando muy ocupado secándome con esta suave y esponjosa toalla negra.
Busqué en la nevera y, entre cientos, tal vez miles, de kilos de pimientos verdes –su dueño no hacía otra cosa que venga a de comprar y a de comprar pimientos verdes-, por fin vislumbré un pepino de nevera en una esquinita del cajón.
-Dime la diferencia que hay entre determinado e indeterminado, pepino de nevera –le espeté.
Y él me contó que el mundo estaba lleno de cosas determinadas e indeterminadas. Que determinadas había visto: la esfera enorme de montréal, seis mazorcas de maíz colgadas de un balcón en una masía, la cuerda de un péndulo de foucault, un matasuegras, la loba antonietta y el mago houdini, un corte femenino de mangas, tarzán hecho un cristo, la muerte de jim henson, una prostituta mexicana y otra de louisiana, una lengua enrollada de mariposa y otra lengua bífida de serpiente, ranas pequeñas dentro de la boca de una rana grande, pirulís en berlín, las tetas de àngels barceló, un muslo de silvana mangano, el dedo amenazador de johnny deep, un señor con bañera y delantal, la gallina cebra, la gallina sepia y el robot-pato cagón, el booba, el kiki y las kiiiiiii, una camiseta negra, tres granos del culomundi –tomó aire-.Y, por supuesto, los éxitos mundiales de Rick Astley.
Tras una pausa, volví a preguntar:
-¿Y qué cosas son las indeterminadas, pepino de nevera?
-Las fábricas de galletas. Las fábricas de galletas –insistió-. Se repiten cual ajo al que no se le ha desgajado el nervio.
Y el pepino de nevera, algo mustio y cansado, se retiró a su rincón del cajón de la nevera.

Qué guapo que soy, qué tipo que tengo, qué bueno que estoy

«Para un buen equilibrio emocional uno debe tener una estimación propia un grado por encima de la real, y ello vendrá dado necesariamente de forma inconsciente porque de no ser así estaríamos cayendo en brazos de la soberbia y de la vanidad. Por contra, una aceptable armonía profesional requiere una valoración del propio trabajo un grado por debajo de la real, y en este caso sí es imprescindible hacer completo uso de los sentidos y de las facultades para crear en uno mismo -artificialmente, que eso a quién le importa- el instinto de superación». [Cartas a Michael Scofield, Anatoly Rasskazov].

El monaguillo sacrificado



«Niño monaguillo de la Seo de Zaragoza, fue crucificado por los judíos en odio de la fe, para sacarle la sangre y sorberla en el rito nefando de su Pascua». [Misal - Propio de España 31 de Agosto].



 
 
En la Iglesia de San Nicolás de Bari, en el barrio de Santa Cruz (antigua judería) de Sevilla, se encuentra un altar con la imagen de un monaguillo crucificado. Se trata de Santo Domingo de Val (1243-1250). Es posible que, como han demostrado algunos estudiosos, el monaguillo jamás existiese, pero eso es lo de menos, la imagen, más fea por cierto que el culo de un mandril sarnoso, allí está.

Ian & The Zodiacs Live At The Starclub Hamburg







Elefantico rosa bailón tomado sin permiso de uso de El Pombo.

Parlophone V





Qué cosa más grande acabo de encontrar. Lástima que Helter se ha ido de vacaciones, que si no hasta la sacaba a bailar. Me puede:



Library



Sucursales de la primera biblioteca pública americana (The Brumback Library; Van Wert County, Ohio) a principios del siglo XX. El edificio de la biblioteca central fue construido con fondos legados a los residentes del condado de Van Wert por John Sanford Brumback, un ex residente de allí, con la condición de que el condado proporcionara los libros y el mantenimiento. La foto del señor calvo con bigote y manos entrelazadas bajo el vientre tras el mostrador con pecera llena de cosas para vender, el anuncio de colgate, el cuadro de los pajaros, las cajas de puros, los treinta botes de fármacos que se ven detrás del dependiente, la moldura de la estantería, arriba a la derecha, bajo cajas de la empresa farmacéutica S.S.S. Atlanta, las persianillas... me gustan a rabiar, como a pepino de mar secarse por primera vez en su vida con toalla de sábana negra, blanda y suave.
















Parlophone (Especial Infantil de Semana Santa)





Your place or mine?

 

Prostitute, New Orleans, Louisiana, 1912

«La vallisneria es una hierba bastante insignificante que no tiene nada de la gracia extraña del nenúfar o de ciertas cabelleras submarinas. Pero se diría que la naturaleza se ha complacido en poner en ella una hermosa idea. Toda la existencia de la pequeña planta transcurre en el fondo del agua, en una especie de semisueño, hasta la hora nupcial en que aspira a una vida nueva. Entonces la flor hembra desarrolla lentamente la larga espiral de su pedúnculo, sube, emerge, domina y se abre en la superficie del estanque. De un tronco vecino, las flores masculinas que la vislumbran a través del agua iluminada por el sol se elevan a su vez, llenas de esperanza, hacia la que se balancea, las espera y las llama en un mundo mágico. Pero a medio camino se sienten bruscamente retenidas: su tallo, manantial de vida, es demasiado corto; no alcanzarán jamás la mansión de luz, la única en que puede realizarse la unión de los estambres y del pistilo. ¿Hay en la naturaleza una inadvertencia o prueba más cruel? ¡Imaginaos el drama de ese deseo, lo inaccesible que se toca, la fatalidad transparente, lo imposible sin obstáculo visible!». La inteligencia de las flores, Maurice Maeterlinck (Bélgica, 1862-1949).

De férulas y otros artilugios dentales



Entre las múltiples incertidumbres que acongojan al americano medio está la de plantearse insistentemente si George Washington usó una dentadura postiza de madera. De que usaba dentadura postiza no hay el menor atisbo de duda, miren si no su cara en el billete de un dólar. La sufre. La sufre en silencio. Y además dicen que apestaba (la dentadura). No era de madera, no; a lo largo de su vida utilizó varias que le fabricó su dentista John Greenwood empleando marfil de dientes de hipopótamo, morsa y elefante. Un siglo antes le habría bastado con acudir al mercado de segunda mano que se montaba tras cada gran batalla. Pero a mí, la duda que me hace estremecer viendo esta fotografía realizada entre 1910 y 1915 (George Grantham Bain Collection, Library of Congress. Format: Glass negatives) es si se trata verdaderamente de la dentadura postiza de George Washington o de la dentadura real arrancada a su caballo.

Por un meme más digno

 

Parlophone IV



El pensamiento del asistente Nikolaus von Miclucho-Maclay




«En esta fotografía pueden verme, apoyado en el bastón de mi cazamariposas, junto a Ernst Haeckel, en la famosa foto que nos hicimos en Lanzarote en 1866, en aquella expedición a las Islas Canarias de la que el farsante de Haeckel sacaría su libro De Tenerife al Sinaí. Si bien pudiera parecer que estoy poniendo cara de hacerme el interesante para salir resultón en la foto, en realidad mi pensamiento se centraba en aquel instante en cuestionarme qué me había podido llevar hasta allí con alguien capaz de manipular sus propios dibujos para justificar sus teorías. Es verdad que Haeckel había realizado grandes aportaciones al estudio de los invertebrados, como las medusas, los radiolarios, los sifonóforos y las esponjas calcáreas, entre otros, y que fue también el primero en distinguir entre seres unicelulares y pluricelulares y entre protozoos y metazoos e, incluso, anticipó que los factores hereditarios estaban en el núcleo de la célula. Pero yo no hacía mas que preguntarme si aquel maestro de la persuasión visual no convirtió en algo peligroso la fusión entre arte y ciencia, especulación e investigación, para apuntalar las pruebas de sus enunciados teóricos. Persuasión, ésa es la palabra que mejor define a este embaucador capaz de haberme convencido de que la evidencia de la evolución humana se podía encontrar en las Indias Orientales Holandesas, describiéndome esa teoría con gran detalle en la cual reconoce que los simios y humanos tienen un origen común: Lemuria, un continente que según dicen todos se había hundido en el Océano Índico en épocas remotas».

Ernest Heinrich Philipp August Haeckel (Potsdam, 1834 - Jena, 8 de agosto de 1919) fue un biólogo y filósofo alemán que popularizó el trabajo de Charles Darwin en Alemania, creando nuevos términos como phylum y ecología . Estudió medicina en las universidades de Berlín, Wurzburgo y Viena, tras lo cual se incorporó, en calidad de asistente de zoología, a la Universidad de Jena, de la que sería catedrático (1865-1909). Ferviente darwinista, en Morfología general de los organismos (1866) presentó sus ideas evolucionistas, pero la comunidad científica apenas prestó atención a su obra.


Como era habitual entre los naturalistas del siglo XIX, Ernst Haeckel fue un gran dibujante. En el transcurso de su carrera, produjo en torno a mil grabados en base a sus bocetos y acuarelas. Muchos de los mejores fueron incluidos en la obra Kunstformen der Natur, trasladados desde los dibujos a la imprenta por el litograbador Adolf Giltsch. Las litografías son auténticas obras de arte, dibujos que a cualquiera le recuerdan los cromos sobre naturaleza de los álbumes que nos impactaron de pequeños.

Según algunos estudiosos de su obra, Haeckel propugnaba también que las razas «primitivas» estaban en su infancia y precisaban la supervisión y protección de sociedades más maduras, de lo que extrapoló una nueva filosofía, que denominó monismo. De esta forma, sus obras habrían servido de referente y justificación científica para el racismo, nacionalismo y socialdarwinismo y estarían en la base de las teorías racistas del nazismo.

Radiolarios
Ernst Haeckel
Kunstformen der Natur (1904)





Nazar Boncuk

 



El origen del ojo azul turco (Nazar Boncuk) para contrarrestar el «mal de ojo» se debe a la invasión sufrida por Turquía de los pueblos del norte. Los nórdicos tenían los ojos azules y en Anatolia pensaron que eran los culpables de muchas de sus enfermedades y penalidades. «¿Cómo lo solventamos?», se preguntaron los anatolianos, «pues creando ojos azules nosotros mismos en los hornos, empleando para ello el cobalto, el ópalo o el zinc y una buena carga de leña de pino», se contestaron poniéndose al tiempo manos a la obra. [Fuente:  Servicio de Oftalmología del Hospital de Navarra. Arch Soc Esp Oftalmol v.82 n.11 Madrid nov. 2007].

En la foto, adorno con árbol del Nazar Boncuk en la fachada
de una casa particular de Estambul el día que recibieron la visita de Paul Newman.


Los caballos de Elberfeld



«Presta mucha atención, Mohamed –le dijo con voz grave el instructor Karl Krall mirándolo fijamente-; cuando estemos ante ellos te pondré la raíz cuadrada o cúbica de un número y tú me darás la respuesta pateando con tu derecha las unidades y con tu izquierda las decenas. ¿Has comprendido?». Mohamed asintió e inmediatamente pensó: «no veas tú el ridículo tan espantoso que vamos a hacer como le dé por poner un número que no sea cuadrado o cubo perfecto, a ver cómo le marco yo a Karl los decimales».

En 1912, el instructor Karl Krall, de Munich, enseñó a contar, a deletrear y a realizar otras muchas rarezas a un grupo de caballos. De entre todos los caballos destacó especialmente uno: Mohamed, que resultó ser mucho más inteligente que el resto.



Frente al cerezo

 


Anatoly Rasskazov - Photography
dedicated to Nianankoro (
1908)




Anatoly Rasskazov - Variation of the photography
dedicated to Nianankoro (2008)



Parlophone III



Mokèlé-mbèmbé


En la puerta de Ishtar en Babilonia, parte de ella hoy restaurada en el Museo de Pérgamo de Berlín, se encuentra lo que puede ser la representación más antigua del Mokèlé-mbèmbé. La puerta está decorada con tres tipos de animales: uros, leones (ambos animales reales, conocidos por los babilonios) y sirrush, unos cuadrúpedos escamosos de cuello largo, cabeza de serpiente con un cuerno y una melena corta, lengua bífida, patas delanteras de león y traseras de águila. Se sabe que los babilonios estuvieron en África Central, o tuvieron contacto indirecto con ella: existe un bajorrelieve babilonio que representa a unos pigmeos con un okapi (no confundir con un tapir, por favor).

1900: Sir Clement Hill fuma su pipa en la proa del vapor que le lleva de Kimusu (Kenia) a Entebbe (Uganda) cuando observa que un indígena cae al agua. Tras ayudarle a subir se da cuenta de que su rostro refleja un pánico extremo que en principio achaca a que probablemente no sepa nadar. De vuelta a Inglaterra contaría a sus familiares y conocidos: «Fui testigo de cómo un extraño animal surgió de las aguas e intentó apoderarse de un indígena, sólo pude apreciar alejándose su cabeza redondeada y oscura, lo suficiente para descartar que se tratase de un cocodrilo; los ribereños del lago Victoria hablan de un extraño animal, el “Lukwata” o “Amaliv”, según los nativos de una tribu de Uganda, los carivondos, este animal combate a menudo con los cocodrilos, y en el transcurso de la pelea suele perder alguna parte de su anatomía, que después es buscada afanosamente por los indígenas por considerar que es un eficaz amuleto, a pesar de no haber podido conseguir jamás ninguno».

Entre 1900 y 1913: Edwina recibe un beso en la frente de su esposo Alfred Aloysius Horn, traficante y cazador, y observa sorprendida cómo se aleja del campamento y se adentra en la selva con dos sartenes colgando de su mochila. En sus memorias, Horn escribiría años después: «Pude ver personalmente las pisadas de un desconocido animal que los indígenas del Camerún llamaban Jagonini, que quiere decir “el buceador gigante”; las huellas de la bestia eran circulares, del tamaño de unas grandes sartenes, mayores que las de un hipopótamo, palmeadas y con tres enormes garras».

1913: El capitán de las fuerzas coloniales alemanas en Camerún, el barón von Stein zu Lausnitz, recibe la orden de alejar a exploradores y buscadores de minerales preciosos del territorio administrado y explotado por el Imperio Alemán. El militar, muy meticuloso en su trabajo, (y gran aficionado al estudio de las costumbres de los indígenas, así como a la flora y fauna de su entorno), desobedece la orden recibida, dedicando su tiempo a una investigación zoológica que culmina: «En una ocasión tuve oportunidad de seguir el rastro de un extraño animal, una criatura que causa el terror entre los negros de determinadas zonas del Congo, del bajo Ubangui, del Sanga y del lkelemba, al que se le da el nombre genérico de Mokèlé-mbèmbé; según guías experimentados, el animal es de color oscuro, piel lisa y tamaño cercano al de un elefante, su cuello es largo y flexible y cuenta con una cola de gran poder que emplea para hacer zozobrar las canoas que caen bajo su radio de acción, para a continuación matar con saña a sus ocupantes, pero sin llegar a devorarlos porque se alimenta del fruto de la landolphia».

1960: En las cercanías del Lago Télé, el Pastor Thomas relata un suceso extraordinario: «Un grupo de pigmeos de la zona pantanosa del Likouala construyó una pared para mantener a raya a las criaturas que ellos llaman Mokèlé-mbèmbé (“El que detiene los ríos”). Una de ellas pudo atravesar la barrera, lo que originó la feroz respuesta de los nativos. Dos pigmeos imitaron los gritos del animal mientras era atacado y lanceado... más tarde se celebró un festín por la victoria, durante el cual partes del animal fueron cocinadas y consumidas. Sin embargo, aquéllos que participaron de la fiesta eventualmente murieron ya fuera por envenenamiento alimenticio o por causas naturales. En todo caso, debe subrayarse que los pigmeos rara vez viven más de 35 años, y que las mujeres de la etnia dan a luz desde los doce años».

Nota del Autor: Todo lo que se cuenta aquí es falso; salvo, por supuesto, la existencia del Mokèlé-mbèmbé.

Ruinas de la Puerta de Ishtar (1932)

Verde malaquita



En las faldas de las montañas de Raikjem, en Afganistán, las mujeres de los poblados conservaban la habilidad ancestral de siglos para convertir en polvo la piedra del verde de malaquita, golpeando con suavidad para que las partículas más pequeñas no se alojasen en sus ojos y quedasen ciegas. Después limpiaban sus dedos con unas semillas de un árbol milenario para evitar que al contacto con los labios les hiciese tener alucinaciones. Desde allí, el polvo del verde de malaquita viajaría hasta las orillas del Nilo quedando impregnado en collares de escarabajos y pendientes o a Persépolis para dar color a los toros alados de sus palacios. Más tarde, maestros italianos empezaron a reconocer el verde de malaquita como materia sublime por permanecer inalterable a muchos grados de temperatura. Mucho más al norte, los monjes comenzarían a utilizarlo para conseguir derivados de la plata y el oro.

En 1518 el azulejero italiano Francisco Niculoso Pisano recibió el encargo de Joan Riero, Gran Maestre de la Orden de Santiago, para recordar la memoria del Cid de Extremadura, capitán guerrero que empujó a los moros de estas tierras y facilitó la entrada de Fernando III en el Alcázar de Sevilla. El Gran Maestre Pelay y el Almirante Bonifaz subieron por el Guadalquivir triunfantes hasta la capital del reino taifa de Sevilla. La victoria en los campos de la Sierra de Aguafría sobre los ejércitos sarracenos se adjudica a la mediación de la Virgen que permitió la prolongación del día para que los ejércitos cristianos pudieran continuar luchando («Sancta María detén tu día»). Los astrónomos árabes, sólo por llevar la contraria, habían predicho una importante tormenta eléctrica en la zona y sabían que la duración de la batalla por encima de las horas de sol era la derrota segura. Pelay Peres Correa dijo que no, que eso de la tormenta no podía ser, atribuyó el milagro a la Virgen y propuso la construcción de una residencia para los vencedores que estuviera bajo la advocación de la Virgen de Tentudía. El lugar no fue elegido al azar. Ya había sido ermita visigoda y era junto a Ponferrada, Murcia y Leyre, uno de los vértices de la cruz de los templarios.

En la foto, detalle de un mosaico de azulejos donde se puede observar el empleo del verde de malaquita por Niculoso Pisano, se trata de la imagen de Pelay Peres Correa y se ubica en el Retablo del Altar Mayor del presbiterio del Monasterio de Tentudía, obra del tan denostado hoy día, por algunos, estilo mudéjar.

Biquizionario



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Parlophone II



Continencia periódica



«
GRAVE CASO DE CONCIENCIA EN EL MATRIMONIO. Su solución por la continencia periódica conforme al método de Ogino».
MAÑA ALCOVERRO, Joaquín y TERRADES TINTORÉ, Eduardo

Librería: Ex Libris Librería Virtual
Precio: 6 euros
Envío para España: 3,75 euros

Descripción: Eugenio Subirana Editorial Pontificia, Barcelona, 1951. 8º mayor. Col. Amor, Matrimonio, Familia nº V. Imprenta Subirana. Barcelona. 226 pp. Rústica. Manchas óxido, ligeramente fatigado. 9ª edición. Sello anterior propietario. Nº de ref. de la librería 536790

La maldición de B.




«Es ella, es ella, tiene que ser ella», se repetía insistentemente mientras Belenguer sacaba con rapidez el fuera de juego y Casquero a gran velocidad atravesaba el campo directo hacia la portería contraria. «Sin duda se trata de ella», decía cuando tras driblar a Guti, el mediocentro del Getafe dio el pase a Hernández. Dudó un segundo al ver que el delantero no remataba, pero cuando se dio cuenta de que el pase definitivo lo recibía el negrito Uche, ya sabía que no habría error y que el gol, para más inri, sería festejado con un triple salto mortal. «Es ella. No puede ser nadie más». Mientras los jugadores del Real Madrid se preguntaban con cara de perplejidad cómo les estaba pasando aquella situación tan ridícula, en otro lugar, B. dejaba caer al suelo un muñeco con decenas de alfileres en su cabeza, tomaba con parsimonia en su mano el móvil y escribía un SMS: «Te lo advertí, Calderón. Mamzelle B.»


Uno de los más famosos expertos en dejar con un palmo de narices a sus contrarios fue Herman A. «Germany» Schaefer (1877-1919), jugador de béisbol de origen alemán en varios equipos de las Major League Baseball americanas. En algunos de sus partidos «formó» pareja cómica junto al igualmente famoso pitcher zurdo Nick Altrock, realizando bufonadas que han pasado a la leyenda de este deporte. Se dice que Schaefer llegó a jugar un día de lluvia sosteniendo en una mano un paraguas mientras que con la otra bateaba. Claro, situaciones como ésta desquiciaban a los contrarios que, conocedores de sus tretas, eran precavidos y antes de cada partido sustituían la limonada de los refrescos por tila (preferentemente de la variedad Platyphyllos Scopoli) o, en su defecto, por valeriana. Al menos se conocen dos ocasiones en las que Schaefer, estando en la segunda base, corrió en sentido contrario hacia la primera, provocando el estupor de sus defensores y de los árbitros, sin que finalmente éstos últimos, tras larga deliberación, encontrasen violación del reglamento. Después de su muerte, en 1920, tal vez como homenaje póstumo, ya no sería admitido correr en sentido inverso en el béisbol.

En la fotografía, un señor con bombín ríe una de las ocurrencias de «Germany» Schaefer durante un partido oficial: ponerse detrás de la cámara en lugar de ponerse delante.


Parlophone I



Mamzelle Marie


Fashion shot inspired by
the legend of Marie Laveau
Rick Olivier


Marie Laveau, supuestamente mulata, autoapodada La Viuda de Paris tras la muerte de su marido, Jacques Paris, tenía dos facetas en su personalidad. Por un lado era mujer laboriosa, humilde y muy puntual, ejerciendo sus pequeñas obligaciones como peluquera de blancas y criollas adineradas de Nueva Orleans. Por otro lado era hembra altiva, mucho más sofisticada, de tremenda fortaleza física –mujer de gran envergadura, jaquetona-, a la que no era fácil detener. Claro que bajo esta apariencia se convertía en reina del voodoo en la calle Congo, donde dejaba fascinados con su serpiente a los bailarines negros en las danzas del domingo y su ofrecimiento de diversiones prohibidas. Una diosa para los negros y la gurú de los blancos en cuestiones de dinero y amor, inspirando el terror necesario cuando la situación lo exigía. Mamzelle Marie Laveau se uniría a Louis Christopher Duminy y tendría quince hijos, uno de los cuales continuaría con la tradición tras su retirada. No le debió ir mal a la hija porque también se convirtió en un fetiche del vudú, si bien terminó muriendo ahogada en el lago Pontchartrain, en 1890, un año antes de que lo hiciera su madre, otra vez, que ya la llevaban muriendo unas decenas de años. Ambas seguirían apareciéndose durante muchos  más años, como autoestopista que se precie sobre carretera secundaria de innumerables curvas de la provincia de Soria. Si alguien estuviese interesado en llevarle comida, dinero o flores, y quiere pedirle ayuda, no sin antes darse la vuelta tres veces y hacer una cruz con ladrillo rojo sobre la piedra, queda informado de que los restos de Marie Laveau reposan en el cementerio de St. Louis (Missouri).

Lorrie Moore


Estoy en estado de coincidencia, que en mi caso se da cuando todas las cosas se suceden de forma casualmente premeditada. Oyes a un camarero decir "Príncipe Azul" y, unas horas después, una persona a la que lees te habla de cuentos de príncipes azules. Alguien cercano escribe sobre Jenny, reina universal de la belleza, y te pones a darle vueltas a qué te recuerda, hasta que finalmente das con el motivo: Byrds of America, «Pájaros de América» -precisamente, como el pájaro carpintero de Canadá de hoy mismo de Faren- de Lorrie Moore, que leíste hace muchos años. Me ha costado la misma vida encontrarlo -no recordaba el nombre del libro, y menos aún de la autora- entre mi ya muy menguada biblioteca. Pero aquí está. Un libro de cuentos al estilo Jenny literario norteamericano, que a mí me gustó sobremanera en su día y que mañana -hoy ya no, que es muy tarde- releeré; con títulos de cuentos impagables y tristes como Gente así es la única que hay por aquí: farfullar canónico en oncología pediátrica. Se tenía que llamar ese libro precisamente «Pájaros...», justo el día de la inauguración de la cabecera de este sitio de pájaros, incluyendo a Fritz como pájaro mayor. ¿O era un gato, Helter? Estado de coincidencia.

Arriba, Lorrie Moore en su casa neoyorkina. Abajo, su libro en la mía, con enlace a una antigua reseña.


Encuesta de Opinión




Imagen Solar tomada por el
Telescopio EIT (Extreme
ultraviolet Imaging Telescope)
a bordo del satélite SOHO

1999/06/06 © NASA y EIT

Usted está en una comida con conocidos y sale de la cocina un plato enorme de sus croquetas favoritas de toda la vida, con la misma pinta de las que su madre de usted se las preparaba, o de pimientos del piquillo rellenos de bacalao con bechamel -aquí es opcional poner el plato-, ésos que nunca se comió con su madre porque le daban repelús, descubriendo algunos años después, en restaurantes de autor, porque pagaba su empresa, o su amante, con el desasosiego de, pongamos, Pessoa una tarde oscura de invierno lluvioso en los sótanos lúgubres de una taberna londinense del siglo diecinueve, que se había perdido un manjar de dioses; pero en cualquiera de los casos, con el interior más caliente que el de cien bombas de hidrógeno explosionadas a la vez. Tras abalanzarse el primero como un bribón hacia el plato para engullir la primera unidad, detecta la temperatura y que el cielo de la boca y la lengua se le están poniendo como culo de mandril.

¿A quién no se lo contaría de los presentes, así le estuviesen saliendo a usted lagrimones como las cataratas del Niágara y el Salto del Ángel juntos?

-A mi jefe.

-A mi vecino/a.

-A mi cónyuge.

-A mi cuñado/a, por supuesto.


Semillas de Chía




Los cuatro alimentos de la dieta azteca
«Códice Florentino» (Sahagún, 1579)

Si es usted un amante de la cría de pájaros o tiene colesterol seguramente será conocedor de la semilla de chía («Salvia hispánica»). Los indios aztecas incluían a la chía junto al amaranto, el maíz y los porotos (los fríjoles, dicho más bonito, si cabe) entre los cuatro alimentos con los nutrientes básicos de su dieta alimentaria, y ello está reflejado en el «Códice Florentino» del siglo XVI, recogido por Fray Bernardino de Sahagún en su Historia General de las Cosas de la Nueva España, no vayan a pensar que es un invento de última hora de herborista de medio pelo para engatusarles. En la composición de la semilla de chía pueden encontrar omega 3, omega 6, antioxidantes, aminoácidos, fibra y, en general, cualquier cosa que pueda aparecer citada en un libro de dietas, pero a mansalva. Los indios, cuando tenían que hacer caminatas por el desierto de hasta catorce horas, tomaban una cucharada de semilla de chía, convenientemente preparada. Bien, pues la semilla de chía, que es a lo que voy, era fundamental en el viaje de los muertos aztecas al otro mundo, que lo dice el inquietante «Códice Boturini»:

«Cuentan los Viejos que dicen y saben, que los muertos pueden ir a lugares diferentes, según su muerte y según su rango. A Mictlán, el Infierno, donde están el Señor y la Señora del Inframundo, y donde hay nueve infiernos, ahí va cualquiera sin importar su edad, si muere de muerte natural, de enfermedad sencilla, sin honor y sin lucha, en muerte inútil. A estos muertos se les dan papeles e instrucciones para que vayan pasando los nueve infiernos, hasta llegar al río de las nueve corrientes, porque en estos infiernos hay muchos peligros. También se les bautiza con agua y se les da de beber, y una vara para que puedan caminar, y armas para que se puedan defender, y comida para que puedan comer, y mantas para que se cubran del frío, y joyas para que puedan vender, pero que de poco les servirían, porque el frío del Infierno todo lo rompe y rasga. Estos muertos no se mueren hasta después de cuatro años de muertos, y sólo desaparecen para siempre, si encuentran un perro con pelo bermejo, que los pase al otro lado del gran río de las nueve corrientes, después de haber pasado los otros nueve ríos de los nueve infiernos. Se les dice que no escojan al perro de pelo blanco, ni al perro de pelo negro, ni al perro de pelo moteado, sino al bermejo. Si logran pasar este río, por fin desaparecen para siempre, y dejan de sufrir los nueve infiernos para siempre...».

The Old Nashville





En la foto pueden apreciar el tren del cortejo fúnebre que paseó el cuerpo de Abraham Lincoln por varios estados de una nación afligida tras su asesinato. No me negarán que el tren es una preciosidad y que dan ganas de morirse si te prometen que te subirán a él. Pues ya no puede ser porque esos trenes dejaron de utilizarse hace muchísimos años, siento tener que abrirles los ojos a la realidad. Seguramente podrán buscar algún museo que recoja esta imponente maquinaria. Pero viajar por las vías con ella ya no, imposible. Créanme. Hoy se conmemora el 199 aniversario del nacimiento de Abraham Lincoln, si a ustedes no les va la cosa yanqui ni los ferrocarriles, y se empeñan en celebrar hoy mismo el 199 aniversario del nacimiento de alguien, que además sea famoso, sólo les queda Charles Darwin. Aclarado el misterio de la cabecera de hoy de Cambio Radical. Ea.

Amigos aventureros





Algunos me preguntan intrigados por qué me llamo Arkab. No es nada complicado, corresponde a las iniciales de mi nombre real -Anatoly Rasskazov- junto al del protagonista de una historia que me contó un viejo amigo de Alosno, uno de mis más queridos amigos, a la vuelta de un viaje de Rávena.

«La antorcha del Faro de Ancona se está alejando y no se distingue todavía el alba.

Soy Kab, el Aventurero, que he sido enviado a Occidente a estrechar lazos de amistad y riqueza. Eso dice el salvoconducto que me ha permitido cruzar los desiertos y los valles, los desfiladeros y los ríos. La verdad es que estoy aquí para intentar darle a mi pueblo un último suspiro de esperanza. Las aguas podridas de nuestros lagos han traído una enfermedad terrible: la ceguera. El Consejo de Ancianos me pidió que encontrara un remedio antes de que fuera demasiado tarde. Y aquí estoy, en la misión más difícil de las que he emprendido.

He llegado por barco hasta el puerto de Classe y los cascos de los navíos romanos abandonados dan un aire fantasmal al puerto que fue refugio militar del antiguo Emperador. Para llegar a la muralla de Rocaleone me introducen en una caja con una silla dentro, en sus laterales hay unas largas pértigas que unos servidores portan por un laberinto de pantalanes para sortear estas aguas cenagosas. Mi comitiva, con varios camellos y búfalos, está muy rezagada por el paso dificultoso de los animales sobre el barro.

La mole de piedra es tan alta como la Gran Muralla y en cada torreón hay una batería de bombardas. Los seis jinetes que han venido a recibirme hasta la entrada del foso, portan un palio con la cruz arriana bordada en oro y tachonada de piedras preciosas. (Me cuidé mucho, antes de desembarcar, de informarme por alguno de los seguidores de Arrio por qué no querían reconocer la divinidad de Cristo, no eran razones religiosas, como era de esperar).

El ayudante de cámara me acompañó hasta mis aposentos y pude mirar, desde la ventana cebrada de aljimez, el ocaso en el mar Adriático. Cerré los ojos y volví a pensar –como tantas veces en los últimos meses- cómo podría conseguir que los maestros del arte musivo fueran hasta el interior del desierto de Gobi a realizar el mismo cielo del mausoleo de Gala Placidia.

Sólo así mi pueblo podría quedarse ciego y tener la dicha de retener el espíritu del Arte».

‘Kab, The Adventurer’ de Johannes Hale Pensis (1632-1675)


The Goldfinch Carel Fabritivs (1654, año de su muerte)

Ernst Haeckel

Ernst Heinrich Philipp August Haeckel
(* 16. Februar 1834 in Potsdam; † 9. August 1919 in Jena)
war ein deutscher Zoologe und Philosoph.

Portraits

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El órgano fantasma

«Cuenta Montaigne que cuenta el piadoso Santiago de la Vorágine que en un pueblo de Alsacia vivía un hombre que tenía adherido a su cuerpo el cuerpo más pequeño de otro hombre, una especie de bebé descabezado que se clavaba a su huésped más grande a partir del cuello. Un médico peregrino se ofreció a extirpar la anomalía con ayuda de un cirujano local. Una vez concluida la operación, el paciente se mostró muy agradecido y contento. El médico peregrino no le cobró un céntimo y a cambio sólo le pidió que le dejara llevarse el cuerpecillo extirpado y convenientemente disecado para exhibirlo por doquier como prueba de su talento. Semanas después, el paciente empezó a dar señales de una terrible melancolía: decía seguir sintiendo la presencia de aquel cuerpecillo, como si aún lo llevara adherido a sus carnes y declaraba que su ausencia le hería el espíritu mucho más que otrora su presencia el cuerpo. Según algunos comentaristas, el hombre acabó vagando por la tierra como un alma en pena. Otros autores afirman que el paciente sencillamente murió de tristeza dos meses después de la cirugía. Respecto a la suerte del médico el veredicto de todos es unánime: pagó su vanidad con la muerte a manos de unos salteadores de caminos». Monstruos y fenómenos extraordinarios de la Edad Media, Patricio Ferrufino S.J.
Citado por Santiago Cárdenas