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Nazar Boncuk

 



El origen del ojo azul turco (Nazar Boncuk) para contrarrestar el «mal de ojo» se debe a la invasión sufrida por Turquía de los pueblos del norte. Los nórdicos tenían los ojos azules y en Anatolia pensaron que eran los culpables de muchas de sus enfermedades y penalidades. «¿Cómo lo solventamos?», se preguntaron los anatolianos, «pues creando ojos azules nosotros mismos en los hornos, empleando para ello el cobalto, el ópalo o el zinc y una buena carga de leña de pino», se contestaron poniéndose al tiempo manos a la obra. [Fuente:  Servicio de Oftalmología del Hospital de Navarra. Arch Soc Esp Oftalmol v.82 n.11 Madrid nov. 2007].

En la foto, adorno con árbol del Nazar Boncuk en la fachada
de una casa particular de Estambul el día que recibieron la visita de Paul Newman.


Verde malaquita



En las faldas de las montañas de Raikjem, en Afganistán, las mujeres de los poblados conservaban la habilidad ancestral de siglos para convertir en polvo la piedra del verde de malaquita, golpeando con suavidad para que las partículas más pequeñas no se alojasen en sus ojos y quedasen ciegas. Después limpiaban sus dedos con unas semillas de un árbol milenario para evitar que al contacto con los labios les hiciese tener alucinaciones. Desde allí, el polvo del verde de malaquita viajaría hasta las orillas del Nilo quedando impregnado en collares de escarabajos y pendientes o a Persépolis para dar color a los toros alados de sus palacios. Más tarde, maestros italianos empezaron a reconocer el verde de malaquita como materia sublime por permanecer inalterable a muchos grados de temperatura. Mucho más al norte, los monjes comenzarían a utilizarlo para conseguir derivados de la plata y el oro.

En 1518 el azulejero italiano Francisco Niculoso Pisano recibió el encargo de Joan Riero, Gran Maestre de la Orden de Santiago, para recordar la memoria del Cid de Extremadura, capitán guerrero que empujó a los moros de estas tierras y facilitó la entrada de Fernando III en el Alcázar de Sevilla. El Gran Maestre Pelay y el Almirante Bonifaz subieron por el Guadalquivir triunfantes hasta la capital del reino taifa de Sevilla. La victoria en los campos de la Sierra de Aguafría sobre los ejércitos sarracenos se adjudica a la mediación de la Virgen que permitió la prolongación del día para que los ejércitos cristianos pudieran continuar luchando («Sancta María detén tu día»). Los astrónomos árabes, sólo por llevar la contraria, habían predicho una importante tormenta eléctrica en la zona y sabían que la duración de la batalla por encima de las horas de sol era la derrota segura. Pelay Peres Correa dijo que no, que eso de la tormenta no podía ser, atribuyó el milagro a la Virgen y propuso la construcción de una residencia para los vencedores que estuviera bajo la advocación de la Virgen de Tentudía. El lugar no fue elegido al azar. Ya había sido ermita visigoda y era junto a Ponferrada, Murcia y Leyre, uno de los vértices de la cruz de los templarios.

En la foto, detalle de un mosaico de azulejos donde se puede observar el empleo del verde de malaquita por Niculoso Pisano, se trata de la imagen de Pelay Peres Correa y se ubica en el Retablo del Altar Mayor del presbiterio del Monasterio de Tentudía, obra del tan denostado hoy día, por algunos, estilo mudéjar.


The Goldfinch Carel Fabritivs (1654, año de su muerte)

Ernst Haeckel

Ernst Heinrich Philipp August Haeckel
(* 16. Februar 1834 in Potsdam; † 9. August 1919 in Jena)
war ein deutscher Zoologe und Philosoph.

Portraits

Lithographies

Kunstformen der Natur


El órgano fantasma

«Cuenta Montaigne que cuenta el piadoso Santiago de la Vorágine que en un pueblo de Alsacia vivía un hombre que tenía adherido a su cuerpo el cuerpo más pequeño de otro hombre, una especie de bebé descabezado que se clavaba a su huésped más grande a partir del cuello. Un médico peregrino se ofreció a extirpar la anomalía con ayuda de un cirujano local. Una vez concluida la operación, el paciente se mostró muy agradecido y contento. El médico peregrino no le cobró un céntimo y a cambio sólo le pidió que le dejara llevarse el cuerpecillo extirpado y convenientemente disecado para exhibirlo por doquier como prueba de su talento. Semanas después, el paciente empezó a dar señales de una terrible melancolía: decía seguir sintiendo la presencia de aquel cuerpecillo, como si aún lo llevara adherido a sus carnes y declaraba que su ausencia le hería el espíritu mucho más que otrora su presencia el cuerpo. Según algunos comentaristas, el hombre acabó vagando por la tierra como un alma en pena. Otros autores afirman que el paciente sencillamente murió de tristeza dos meses después de la cirugía. Respecto a la suerte del médico el veredicto de todos es unánime: pagó su vanidad con la muerte a manos de unos salteadores de caminos». Monstruos y fenómenos extraordinarios de la Edad Media, Patricio Ferrufino S.J.
Citado por Santiago Cárdenas